En el primer semestre del año 2021, la Argentina asumirá la presidencia del Mercosur durante seis meses. Y luego le corresponderá a Brasil. La integración económica entre naciones soberanas, implica el desarrollo de una construcción permanente de condiciones y reglas, que permitan e incentiven el trabajo conjunto, y la presidencia del bloque brinda la oportunidad de ejercer liderazgo a través de iniciativas relevantes para una agenda regional.

Tres factores importantes incentivan a procurar un liderazgo estratégico por parte de ambos países durante todo 2021: la renovación presidencial en los EE.UU.; la creación de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) en el Asia-Pacífico y la necesidad que en la UE parecería percibirse de tener un papel protagónico en el restablecimiento de un orden internacional debilitado.

El hecho de que Joe Biden será el próximo presidente de Estados Unidos puede implicar un cambio profundo en la visión y en el estilo de la estrategia internacional de ese país. La presidencia de Biden podría facilitar una concertación estratégica sostenible con países latinoamericanos, incluyendo los del Mercosur, en la medida en que se afirme la idea de procurar construir un orden internacional basado en la solidaridad y en la cooperación entre todos.

Por otro lado, recientemente se firmó el RCEP, el acuerdo de libre comercio entre los diez estados miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) (Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam) y cinco estados de Asia y Oceanía con los que la ASEAN tiene acuerdos de libre comercio existentes (Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda). Este acuerdo implica desarrollar un proceso de comercio e inversiones preferenciales compatible con las reglas de la OMC, generando un precedente interesante de trabajo conjunto entre una diversidad de países con una pertenencia regional común y, también, con un enorme potencial para desarrollar cadenas de valor que incidan en el comercio y las inversiones recíprocas.

Y el tercer factor es el interés que se observa por parte de una UE que percibe el potencial de acción conjunta que están abriendo los factores anteriormente mencionados. En tal perspectiva, deberían evaluarse los costos de un eventual fracaso del acuerdo de asociación con el Mercosur.

Una estrategia común del Mercosur, a fin de encarar en función de sus intereses la nueva etapa de relaciones comerciales internacionales, requeriría considerar el potencial de acción conjunta que puede resultar de ámbitos institucionales internacionales a los que pertenecen como la Aladi y la OMC.

Fuente: La Nación