Hace poco más de un año el mundo comenzaba a transitar la pandemia del Covid-19, y en este lapso el comercio internacional pasó por diferentes etapas. Arrancó con medidas defensivas que, con el pasar de los meses, se fueron levantando y, a la vez, las operaciones se fueron simplificando. La percepción general de los especialistas es que la falta de liderazgo mundial complicó el ordenamiento del intercambio a la vez que hubo una profundización de tendencias que llegaron para quedarse: un comercio más digitalizado y un sistema de trazabilidad más exigente. La recuperación de volúmenes este año dependerá de cómo el coronavirus siga impactando en el mundo.

La Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) señala que los efectos del Covid-19 fueron negativos para el crecimiento económico, el empleo y el comercio internacional. En lo que hace al comercio de productos básicos, sus estimaciones apuntan que las importaciones mundiales en valor de un número de productos básicos habrían sido fuertemente afectadas por reducciones de precio, cantidad o en ambos.

En los primeros 11 meses del año pasado el índice de precios de productos básicos de Unctad marcó una baja de 8,9% interanual, el menor valor fue en abril (39,2%). Los combustibles fueron los más afectados en precios, en paralelo con las restricciones mundiales al movimiento y la reducción en el volumen de transporte. Los menos golpeados fueron los alimentos (suba de 3,6% en promedio en comparación a 2019); minerales y metales excluyendo metales preciosos, subieron 14,1%. El precio del oro se incrementó por su demanda como activo seguro. En la composición de las exportaciones argentinas, hubo mejoras para las commodities agrícolas.

De acuerdo a estimaciones de la consultora Abeceb, las exportaciones argentinas cayeron 15%, a US$55.400 millones en 2020, retrocediendo a niveles de 2007, 2009 o 2015, tras cuatro años consecutivos de crecimiento. En términos regionales, para Latinoamérica se espera una contracción en torno al 10,5%; las ventas externas del Mercosur bajarían la mitad (-8,4%). Desde una perspectiva global, el panorama se agudiza ya que la participación argentina en las exportaciones globales habría alcanzado un mínimo histórico del 0,32%. Actualmente, a nuestro país le lleva un año exportar lo que Estados Unidos vende en dos semanas o lo que China opera en ocho días.

La economista Diana Mondino indica como uno de los cambios más importantes la aceleración de los tratados internacionales: “Ante el temor de quedarse afuera del mercado, hubo países que se apuraron tanto en convenios de creación de comercio como de desviación”. En el primer caso se generan más oportunidades para comerciar entre los firmantes mientras que, en el segundo, países que lo hacían con terceros ahora eligen alguno de los socios. El Mercosur, por ejemplo, impulsó la desviación.

“La Argentina es una economía muy cerrada; importamos básicamente insumos industriales. Es un mito que el fuerte son las chucherías -agrega-. En exportaciones, los acuerdos implican homologar una serie de condiciones, reconocer a las autoridades regulatorias de otros y eso es importante porque hay barreras paraarancelarias que traban las operaciones. No todo es aranceles”.

Para la exsecretaria de Comercio Exterior, Marisa Bircher, el año que pasó -cuando hubo 200 barreras notificadas por la Organización Mundial de Comercio (OMC), 67% vinculadas a lo fitosanitario- dejó “un aprendizaje que hay que capitalizar”. Entiende que el sector privado, en medio de la incertidumbre, necesita un “margen de previsibilidad” porque 2021 será muy difícil. “Hace falta diálogo y una estrategia internacional para facilitar el comercio, reglas que perduren y que se vean reflejado en economías regionales y Pymes”.

A su criterio, los sectores agroindustriales mostraron una mayor resiliencia, en gran parte debido a los permisos especiales por ser actividad esencial. Por ejemplo, las exportaciones de cereales se mantuvieron estables, las de miel subieron 18% y las de lácteos más de 30%.

“Aun en la crisis hubo países que siguieron avanzando en sus agendas de integración y eso interpela a las naciones en desarrollo; en vez de frenarse se potenciaron”, agrega en referencia no sólo a la Alianza Integradora Económica Regional (RCEP por sus siglas en inglés) sino a la modernización de la relación comercial entre Estados Unidos, Canadá y México o a que Brasil abrió más de 100 mercados agroindustriales. “La Argentina requiere una agenda estratégica a mediano y largo plazo”, insiste.

Desde el punto de vista local también se han registrado cambios. El gobierno comenzó a intensificar las regulaciones para el control de importaciones bajo dos esquemas: las licencias no automáticas (que hoy abarcan más productos) y mayores dificultades para el acceso a los dólares, que afecta no sólo al pago de los productos actuales sino también de las deudas comerciales.

A nivel internacional hay dos cambios fundamentales: la fuerte mejora de precios agrícolas que se mantendrían altos por la política monetaria de los países desarrollados; por el otro, el precio del petróleo, que todavía está 12% por debajo de los valores de enero de 2020. 

Asimismo, el cambio en el esquema de reintegros y retenciones favoreció a los bienes finales, mientras los insumos básicos tienen derechos de exportación más elevados. 

Desde Abeceb, proyectan que el reflote comercial global será más lento de lo que se espera. Biden ya dijo que Estados Unidos no está todavía en condiciones de firmar acuerdos porque tiene problemas de productividad interna.

China aprovechó las circunstancias y siguió tejiendo acuerdos en función de una agenda multilateral. El gigante asiático está repensando su modelo de desarrollo mientras que Europa se fortalece en busca de una autonomía estratégica (analiza cómo sustituir importaciones). No se quiere depender de un solo punto de abastecimiento aunque eso implique más costos.

Bircher entiende que la Argentina necesita trabajar regionalmente. “No es una opción elegible, sino una necesidad; no podemos medirnos solo en números, sino por la estrategia internacional que desarrollamos. Ser proveedores mundiales de alimentos debe ser una oportunidad que hay que acompañar con una política que promueva las inversiones, reduzca costos de producción, con más previsibilidad, un único tipo de cambio y no caer en excesos en el control del comercio. Debemos facilitar el vínculo entre exportaciones e inversiones”, resume.

Para el Presidente de la Cámara de Exportadores, Enrique Mantilla, la pandemia permitió que mejorase la demanda de algunos servicios como el software y de insumos y equipamiento médico. La más destacada, sostiene, se da con la cebada. Por un conflicto comercial entre China y Australia, los asiáticos cambiaron de proveedor favoreciendo a la Argentina y podría generar un récord de exportaciones en 2021.


Fuente: La Nación