La representación femenina en el ámbito laboral: un largo camino por recorrer.

En función de nuestra encuesta realizada, buscamos visibilizar y mejorar la realidad de las mujeres en el mundo del trabajo, ámbito que presenta muchos obstáculos.

La desigualdad de género afecta en todos los ámbitos de nuestra sociedad, Es de público conocimiento que, las mujeres tienen más obstáculos en el ámbito laboral que los hombres. En el marco de las acciones llevadas a cabo por el 8M, llevamos a cabo una encuesta para conocer cuáles son los obstáculos que deben enfrentar las mujeres y qué es lo que podemos hacer para evitarlos.

La encuesta que realizamos a partir de tres temas principales que tienen que ver con la desigualdad de género en el mundo del trabajo: la representación femenina, los estereotipos existentes, y el trabajo doméstico no remunerado. 

Por un lado, los datos de la encuesta nos confirman que la representación femenina en el ámbito laboral es más baja que la masculina. Un 51,4% respondió no tener una mujer en un cargo directivo dentro de su grupo familiar, y un 21,9% jamás tuvo una mujer como superior en un ámbito laboral. A su vez, el 86% podía nombrar 2 o más CEOs masculinos, mientras que sólo el 19% podía nombrar 2 o más CEOs femeninos.

Ahora bien, estas diferencias numéricas también aparecen frente a los estereotipos vinculados al género. Los datos nos muestran que un 25,4% asoció la ambición, la asertividad y la racionalidad al género masculino. Y un 33,3% asoció la modestia, la sumisión y la debilidad al género femenino. Es evidente que los roles de género, masculino y femenino, fuertemente instaurados en nuestra sociedad, marcan más aún las diferencias y profundizan las desventajas que deben vivir las mujeres.

Si bien el 98,3% de nuestros encuestados no considera que la sensibilidad, la intuición y la compasión son características que dificultan la capacidad de liderazgo y toma de decisiones, el 6,6% si cree que la fuerza, la ambición y la insensibilidad son características necesarias en un líder.

Por otro lado, es importante saber que la tipificación masculina del liderazgo es uno de los obstáculos psicológicos más potentes que las mujeres líderes continúan enfrentando. A escala mundial, el 57,4% de las empresas coinciden en que las iniciativas sobre diversidad de género mejoran sus resultados comerciales. En primer lugar, un 60,2% afirmaron haber aumentado sus ganancias y su productividad, un 56,8% afirmaron haber aumentado su capacidad de atraer y retener el talento, un 54,4% afirmaron haber adquirido una mayor creatividad, innovación y apertura, y finalmente, un 54,1% afirmaron haber mejorado la reputación de su empresa.

Al mismo tiempo, la encuesta nos reflejó datos sobre el trabajo doméstico no remunerado y cómo este es casi siempre llevado a cabo por mujeres. Al preguntar por las responsabilidades domésticas y familiares, el 56% aseguró que la mayoría del trabajo doméstico y el cuidado de su hogar lo asume una mujer, lo cual no es sorpresa.

A su vez, el 44,9% declaró que la madre tuvo más relevancia durante su crianza, mientras que el 1,4% respondió que el padre tuvo más importancia.

La gran diferencia existente frente a la responsabilidad de las mujeres en la crianza de sus hijos con respecto a los hombres, las condiciona aún más a la hora de tener un empleo. Los datos demuestran que un 54.1% solamente se encargó de la crianza; un 24.6% tenía un empleo de medio turno mientras criaba a sus hijos; y finalmente, un 21.3% criaba y tenía un empleo de turno completo. 

La maternidad imposibilita a las mujeres poder trabajar al mismo tiempo y el problema está en que hay una creencia cultural de que es sólo su responsabilidad, cuando en realidad, los hombres tendrían que tener las mismas responsabilidades. Los siguientes números muestran la desigualdad de las mujeres en el ámbito laboral, arraigados a los estereotipos formados a partir del rol de la maternidad: un 41% considera que la disponibilidad permanente es un requisito obligatorio para asumir un cargo directivo, y un 8,3% considera que la maternidad te hace menos apto para ocupar un cargo directivo que la paternidad. 

Todos estos porcentajes ilustran la desigualdad de género existente en el mundo del trabajo, y por esto, la sociedad aún tiene que hacer cambios profundos. Es importante comprender que estas desigualdades perjudican a las mujeres hoy en día, pero también a generaciones futuras. Y no sólo las mujeres salen perdiendo, sino que una empresa va a resultar menos productiva cuando hay falta de diversidad y la desigualdad de género está presente. 

La falta de representación femenina en puestos jerárquicos, dificulta enormemente a niñas y jóvenes de verse a sí mismas ocupando aquellos puestos, provocando que no se consideren aptas para liderar o para ocupar cargos directivos.

Asimismo, en la medida en que el liderazgo exitoso continúe siendo asociado a los rasgos típicamente adscritos al estereotipo masculino, tales como la dureza, la ambición, la racionalidad, la agresividad y la competitividad, las mujeres tienen pocas probabilidades de ser consideradas potenciales buenas líderes, dada la tendencia a mantener creencias socialmente compartidas que describen a las mujeres como sumisas, afectivas, compasivas, cariñosas y sensibles.

Tanto en países de ingresos altos como en los de ingresos bajos, las mujeres siguen asumiendo la mayoría del trabajo doméstico y el cuidado en el hogar, incluso cuando tienen un empleo remunerado completo. Esto situa a las mujeres en posición de desventaja a la hora de competir con sus colegas de sexo masculino, ya que las empresas requieren de sus empleados disponibilidad permanente. En consecuencia, muchas mujeres no logran conseguir trabajo, y mucho menos, estar en puestos de liderazgo. 

Estas desigualdades no nacen en el mundo del trabajo, sino que son consecuencias de la cultura machista y patriarcal de nuestra sociedad, la cual afecta a la misma en su conjunto. Es necesario concientizar sobre esta problemática y actuar, donde el accionar no solamente debe recaer sobre las mujeres, sino también sobre los hombres, ya que tienen una gran responsabilidad frente a esta realidad.

La educación es la gran herramienta para poder lograr cambios a largo plazo, entonces es necesario educar sobre la diversidad de género, y asegurarnos que en aquella educación se muestran casos positivos de modelos a seguir femeninos. Es importante también, educar a los hombres en cómo quitar los obstáculos a los que se deben enfrentar las mujeres, en vez de enseñar a las mismas a superarlos. Algunas iniciativas para evitar que los hombres se rehúsan a participar en los proyectos y eventos que ofrecen diversidad, podría ser la creación de una sociedad intolerante a los sesgos de género. 

Tanto los hombres como las mujeres, tenemos prejuicios y preconceptos sobre las cualidades y capacidades masculinas y femeninas, consecuencia del mundo binario en el cual vivimos, donde se divide entre masculino y femenino. A partir de los roles de género, se crearon conceptos e ideas que determinaron a las personas según su género, lo cual provocó privilegios para los hombres y desventajas para las mujeres. Debemos comenzar a reconocer los estereotipos existentes y de qué manera estos afectan nuestra percepción sobre la capacidad de liderazgo y toma de decisiones, para que, paulatinamente, se deje de creer que las mujeres no tienen capacidades para estos cargos.

Asimismo, la era digital puede ser un gran aliado para romper con las desigualdades. Las empresas tienen que adelantarse más que nunca a desmantelar la cultura de la disponibilidad permanente. Por ejemplo, políticas tales como las del horario flexible, el trabajo a distancia, la licencia de maternidad y de paternidad, los programas de reincorporación al trabajo, son herramientas útiles para que las mujeres no estén en situación de desventaja en el trabajo a causa de sus responsabilidades domésticas (las cuales también deben recaer sobre los hombres). En efecto, estas medidas benefician a todos los trabajadores, reducen el estrés y el desgaste laboral, y propician una productividad más sostenible a largo plazo.

En síntesis, es necesario que surjan cambios tanto desde la sociedad como desde los ámbitos laborales, para mejorar la situación de las mujeres. Desde C&F presentamos algunas propuestas con el fin de lograr la equidad de género, como la mejora del lugar de trabajo, donde exista tanto licencia de maternidad como de paternidad, junto con la existencia de políticas para la salud, la seguridad y la higiene, incluyendo chequeos anuales de estudios ginecológicos en mujeres.

A su vez, buscamos lograr estrategias de marketing responsables con un enfoque de género, como también desarrollar productos y servicios de la misma índole. Finalmente, aspiramos a que las relaciones en nuestra comunidad tengan también un enfoque de género, promoviendo el empoderamiento de las mujeres. Nos comprometemos con la ética, la transparencia, la sustentabilidad en los negocios, siempre logrando la equidad de género. 

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